¿Qué es Dios?
El que habla no sabe
El que sabe no habla
TAO TE KING
Si fuéramos verdaderamente sinceros al tratar de responder a esta pregunta, todos a una deberíamos decir : NO SE.
Lo único que sí sabemos es que estamos sumergidos en el misterio. Esta vida y todo lo que nos rodea es un enorme, insondable e inabarcable misterio. Basta que nos tumbemos en el campo una noche de verano y miremos el cielo y sus luminarias para que nuestra mente y nuestro corazón sientan su pequeñez para comprender eso tan enorme.
Basta que miremos con una mirada nueva y de curiosidad nuestro cuerpo para que nuevamente el misterio aparezca como un caprichoso signo de interrogación. Yo no sé lo que Dios es. Sé que en mí existe una fuerza, una energía misteriosa que funciona y además es inteligente. Ninguno de nosotros dice “crezco el pelo” o “lato el corazón”.. esas cosas suceden sin nuestra intervención.
Una célula del hígado cumple cerca de cien funciones diferentes e imprescindibles para el correcto funcionamiento de este “equipo” que llamamos cuerpo, y allí vuelve a aparecer el misterio. Las explicaciones de la ciencia no alcanzan a dilucidar el misterio por muchas explicaciones que nos den. Esa energía inteligente es también sentimiento puesto que es un misterio porque mi corazón se llena de ternura al ver a mi pequeña gatita de dos meses mirarme con sus ojillos y pedirme comida.
Mi corazón se llena de una alegría misteriosa al ver a ese pequeñísimo ser humano de pocos meses que me mira y se ríe divertido y miro sus ojos y siento que me sumerjo en la eternidad. Cuando acaricio el cuerpo de la que amo y todo mi ser se llena se luz y el amor inunda todo el universo. Cuando me siento en silencio por el simple deseo de estar a solas conmigo mismo y entro en conexión con algo insondable en mi interior sólo puedo decir que hay paz, maravillosa e indefinible paz.
NO SE. Puedo llamar a todo eso DIOS? Puedo decir que es misterio sin límites, espacio sin límites, energía sin límites, inteligencia sin límites, ternura sin límites, alegría sin límites, tiempo sin límites, luz sin límites, paz sin límites? Tal vez sí… pero eso no resuelve el misterio… sigo como al principio. NO SE….Ah… pero hay algo que sí sé. Sé lo que Dios no es. Y Dios no es:
-Definible: es decir, no tiene tamaño, color, forma, peso, medida, límites. Se me preguntará como sé esto. Sencillo: el misterio es así… sin tamaño, color, forma… etc
-Legislador: sé que no ha emitido “mandamientos” para que obedezca… porque sé que la ternura, la alegría, el espacio, la energía, la inteligencia, el misterio, la paz, no necesitan legislar, ni crear infiernos eternos para castigar imaginarias “ofensas”. Se podría alegar que incuestionablemente la naturaleza tiene leyes, pero esas leyes pueden ser soslayadas en la medida que nos vamos identificando más con la Unidad que todo lo es.
-Separación. Sé que este Universo misterioso no tiene partes separadas. Funciona como unidad. Es un organismo de partes interdependientes. Un sólo átomo del universo justifica la existencia de todo el universo. Es un organismo vivo al que hoy en día llamamos con una antigua palabra griega: HOLISTICO, es decir, TOTALIDAD.
-Vengativo. El misterio abarca todo lo que es y de la misma manera que no emite leyes de obligado cumplimiento… no necesita venganzas ni castigo. Cómo podríamos ofender a aquello que todo lo ES.
-Sectario.El mismo misterio que me llena de vida, vale para ti que vives al otro lado del planeta, tengas el color que tengas, tengas o no fe, tengas o no religión, tengas o no sabiduría. La vida no está parcelada, como no lo está la ternura, la alegría, la luz, el amor, el espacio, la energía, el silencio, la paz.
-Preferencias: sería mejor decir que Dios (el misterio) no tiene preferencias. Es todo lo que hay. Y todo lo que hay es exactamente eso: todo lo que hay. No hay nada donde Dios (el misterio) no esté. No hay nada que Dios (el misterio) rechace. Dios (el misterio) anida en todo lo que hay sin distinciones, prejuicios, preferencias.
De ahí podemos concluir varias cosas:
-Ningún camino hacia Dios es más directo que otro.
-Ninguna religión es la religión verdadera.
-Ningún pueblo es el “pueblo elegido”
-Ningún profeta es el profeta más grande.
(sic. Neale Donald Walsch)
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http://dosmentesideaymedia.blogspot.com/
Antropología del deporte
Un artículo muy interesante!!!
Fútbol: una guerra simbólica entre tribus modernas
Los antropólogos destacan la búsqueda de emociones fuertes También mencionan el sentido de pertenencia a un grupo entre los hinchas
Dos aficionados españoles (Foto: EFE)
MADRID.- Cuentan los historiadores que el fútbol inició su andadura en la Edad Media, entre campesinos del sur de Inglaterra y que sólo empezó a extenderse por Europa en el siglo XIX. Sin embargo, el origen de las pasiones, la identificación total con el propio equipo y la violencia, casi siempre sólo verbal, que rodean al balompié se remontan a un pasado mucho más lejano.
No son muchos los investigadores que han escarbado en este fenómeno social que ha sido y es uno de los más masivos en la última mitad del siglo XX y de lo que llevamos de éste.
Algunos de los pocos antropólogos españoles que sí lo han hecho coinciden en sus tesis principales: los seguidores de dos equipos que se enfrentan en un estadio, –como hoy ocurrirá en Viena entre la selección española y la rusa– representan a dos tribus que, simbólicamente, se enfrentan como si fuera una auténtica batalla neolítica.
Los héroes son los futbolistas, los más jóvenes, los más fuertes (y también los más caros). Los colores del equipo y la bandera, el tótem que hay que defender del enemigo. Y por el que hay que atacar, porque hasta en el lenguaje la guerra está presente en el césped.
Para el antropólogo Jordi Salvador Duch, autor del libro ‘Fútbol, metáfora de la Guerra Fría’ (Editorial Proa), hace tiempo que quedó desfasada la idea marxista de que este deporte era un narcotizante de las masas.
“En el fondo, somos los mismos que disfrutaban en el circo romano con los gladiadores y los leones, pero ahora el nivel de tolerancia de la violencia es menor. Los estadios son islas de permisividad en los que la gente busca emociones como el peligro o la venganza y donde pueden insultar al árbitro, ser racistas y homófobos como nunca lo serían en la calle”, argumenta Salvador Duch.
En su opinión, las autoridades “deberían estudiar más profundamente este laboratorio sociológico para ver lo que falla en la educación”. Su colega, Manuel Mandianes, profesor de investigación del CSIC, va más lejos al señalar que “en un estadio damos un salto sobre la educación y volvemos al estado natural del ser humano”.
Otro aspecto que se dispara al ver rodar un balón en el campo es el de la identidad con una tribu que exige poco y ofrece mucha diversión y desfogue , aunque el poder político siempre trata de que todos se sientan adheridos a su proyecto, sea nacionalista o españolista, en el caso de este país.
Símbolos nacionales
«Se necesitan símbolos para crear la nación. Suelen ser mecanismos que reflejan las tensiones dentro de un país o entre países. De hecho, en Cataluña los partidos de la selección española no se siguen como en el resto del territorio», explica el antropólogo catalán.
También Mandianes cree que el fútbol cada vez es más político: “No es algo racional, sino emotivo y los poderes lo saben. Vivimos un momento de crisis de las religiones. Ahora las reliquias son las camisetas de los jugadores y el calendario que se sigue no es litúrgico, sino el de la Liga. Se podría decir que los futbolistas son los nuevos santos, héroes por los que no importa pagar millones de euros aunque estemos en crisis”.
Ese potencial simbólico del cerebro del ‘Homo sapiens’, que nos sitúa en una comunidad concreta en la que no nos conocemos todos ni tenemos relación genética, es única del ser humano, como recuerda Salvador Duch.
“La parte instintiva violenta es animal, pero el chimpancé lucha por su terreno o sus crías y aquí se trata de un conflicto simbólico y cuando la batalla acaba, volvemos a casa y seguimos la vida cotidiana. Además, son batalla sin sangre, salvo excepciones. Sólo ha habido ocho muertes en 25 años”.
Para Mandianes, no obstante, no hay que olvidar el papel que juegan los ultras o ‘hinchas violentos, que serían los soldados más exaltados de estas batallas deportivas, arropados por una masa “en la que cada cual pierde su identidad como individuo para responder a las leyes de reacción de su tribu, y las tribus no han vivido en paz desde sus orígenes”.
Rosa María Tristán
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